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Evangelio del lunes, 12 de noviembre

11 noviembre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.

Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «Lo siento», lo perdonarás.»

Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Tres palabras nos presenta el evangelio de hoy: el escándalo, el perdón y la fe. Tres realidades que nos permiten reflexionar sobre la importancia del compromiso con la fe que se concreta en las situaciones de nuestra vida.

El primer lugar, el evangelista muestra el llamado que el Señor hace a evitar el escándalo que se convierte en ocasión para que otros tropiecen y caigan. Esto se puede presentar en todos los niveles de la vida; por ejemplo, escandalizar a los más pequeños significa desviarlos del camino y hacerles perder la fe. Una manera incoherente de vivir se convierte en piedra que hace tropezar y alejar a muchos. La responsabilidad que tenemos como bautizados es muy grande; ¿qué se debe transparentar en la vida del creyente? La vida de Dios que se ha recibido y que viene alimentada con la experiencia de fe personal y comunitaria. Dice el Papa Francisco, refiriéndose al escándalo de los abusos a menores: “sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz… Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión”.

La segunda palabra que el Señor nos propone, es estar dispuestos al perdón: “y si siete veces se vuelve a ti, diciendo: `Me arrepiento’, le perdonarás”. Jesús es exigente; nos pide vivir la gracia del perdón en toda ocasión. El perdón y la reconciliación son principios fundamentales del Evangelio. Es una necesidad apremiante perdonar al prójimo para recibir el perdón de Dios; de hecho, perdonamos porque primero hemos experimentado el perdón que nos gratuitamente nos ofrece Dios. Mantengámonos vigilantes para que no aniden en nuestro corazón el resentimiento, el odio y la sed de venganza. El Perdón es medicina segura para el alma; de hecho, perdonar es un profundo acto de amor a sí mismo porque sana, reconcilia y libera. Pongamos en práctica aquellas palabras que liberan: “perdón”, “lo siento”, «te perdono”.

Y así aparece la tercera palabra: “Auméntanos la fe”. Luego de hablarnos de la lucha por evitar el escándalo y perdonar siempre, el Señor ha dicho que es necesario que nuestra fe sea como un granito de mostaza, es decir, que esté en constate dinámica de crecimiento porque solo con una fe viva y comprometida se puede mantener una actitud de cuidado con la fe de los otros y con la libertad interior para decidir lo correcto, lo justo y lo noble. Dice el Papa Francisco: “Me parece que todos nosotros podemos hacer nuestra esta invocación. También nosotros, como los apóstoles, decimos al Señor Jesús: “¡Auméntanos la fe!”. Sí, Señor, nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero te la ofrecemos tal como es, para que Tú la hagas crecer”.

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