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8 noviembre, 2018

Muchísimas Cada jueves celebramos la exposición del Santísimo pidiendo por las Vocaciones ( particularmente sacerdotales y religiosas). Se trata de una tarea de todos; debemos orar “a tiempo y a destiempo” para que el Señor siga enviando “obreros a su mies”.

Coincide este encuentro de oración en la semana de la Iglesia Diocesana y estos momentos de reflexión han de servir para que todos estemos atentos a la llamada que Dios hace a cada uno para servir y ser piedra viva en la construcción de la Iglesia. Continuamos con nuestra catequesis sobre la Eucaristía.

¿Pasa de moda la Santa Misa?

Si consultamos la RAE encontraremos las siguientes definiciones o significados de el termino MODA: “1. f. Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país. 2. f. Gusto colectivo y cambiante en lo relativo a prendas de vestir y complementos. 3. f. Conjunto de la vestimenta y los adornos de moda”. Y, uno de los posibles usos es “pasar, o pasarse, algo de moda: 1. locs. verbs. PERDER ACTUALIDAD O VIGENCIA”.

Es significa que una moda es algo que cambia según las costumbres o las épocas en las que se vive. Las modas que van pasando van perdiendo actualidad, podríamos decir que dejan de ser parte de la vida de la persona.

¿Por qué se dice que la Santa Misa no pasa de moda? ¿Qué la hace siempre actual?

Para responder a estas interrogantes es importante recordar que el cambio es propio de los seres humanos, de la naturaleza, en definitiva de todo lo creado, esto es así porque son mortales, finitos y mutables (que se muda, cambia). Un ejemplo clásico, en el que se ve esta realidad, es el ciclo o proceso de vida del ser humano: nace, crece, se reproduce y muere. Esto no sucede con Dios, pues Él es inmortal (no muere), infinito, inmutable (no cambia), Él es el creador de todo lo que existe.

Teniendo presente esta realidad se entiende fácilmente por qué la Santa Misa no pasa de modo. Recordemos que en cada celebración de la Santa Misa Dios mismo se hace presente, se actualiza el sacrificio de la cruz. Y si Dios no pasa de moda porque no cambia, la santa misa tampoco cambia.

En efecto, la Santa Misa, en cuanto es re-PRESENTACIÓN (PRESENCIA) sacramental del sacrificio de Cristo, tiene los MISMOS FINES que el sacrificio de la Cruz. Estos fines son: el fin latréutico (alabar y adorar a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo); el fin eucarístico (dar gracias a Dios por la creación y la redención); el propiciatorio (desagraviar a Dios por nuestros pecados); y el impetratorio (pedir a Dios sus dones y sus gracias). Esto se expresa en las diversas oraciones que forman parte de la celebración litúrgica de la Eucaristía, especialmente en el Gloria, en el Credo, en la Plegaria Eucarística, en el Padre Nuestro, y en las oraciones propias de cada Misa: Oración Colecta, Oración sobre las ofrendas, Oración después de la Comunión.

Si desde nuestros criterios humanos, y desde un punto de vista psicológico, el estar de moda (actual, actualizado) puede ayudar al estado emocional de una persona, y, por ellos, se dice que una persona que está de moda, se siente bien, vive feliz, se siente orgullosa, con cuanta mayor razón deberíamos de sentirnos y vivir orgullos, llenos de alegría, de agradecimiento, de paz, etc., los que participamos en la celebración de la Santa Misa.

La Eucaristía es el sacramento de la pasión del Señor y de nuestra redención (TERTULIANO, Epístola 63).

La presencia de Jesús vivo en la Hostia Santa es la garantía, la raíz y la consumación de su presencia en el mundo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 102).

Día: Jueves
Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Hora: 19:30

8 noviembre, 2018
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Lectura del evangelio según San Lucas 15,1-10: “Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”.

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: Ese acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola: Sí uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación

Con tres parábolas, entrelazadas con una misma palabra, Jesús dirige un mensaje muy claro a los fariseos y doctores de la ley que lo criticaban y excluían a aquellos señalados como pecadores.

San Lucas muestra cómo los “pecadores públicos” se acercaban para oír a Jesús. Se sienten atraídos por su palabra, son acogidos sin señalamientos, la condena viene cambiada por el llamado a la misericordia; contrasta la voz de la condena con la voz de la bondad; por eso quieren oírlo mientras los fariseos buscan sacarlo del camino; dicen: “Este hombre acoge a los pecadores y come con él!».

La parábola de la oveja perdida rompe todos los esquemas: ¿dejar noventa y nueve para ir en busca de una? ¿No sería mejor lo que reza el dicho: “más vale pájaro en mano que cien volando»? Aquí hay una gran noticia que nos toca a todos: el amor de Dios es personal, incondicional y para siempre. Valemos para Él, todo. Nos ama, nos busca y no renuncia a mirarnos con misericordia. Ellos se sentían identificados con la parábola y esto les abría a la esperanza. El Buen pastor se alegra porque “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.»

Así la alegría de la mujer que encuentra la perdida y hace fiesta, confirma la lógica de Dios que es “ilógica”; enciende la lámpara, barre la casa, busca la moneda cuidadosamente sin renunciar hasta encontrarla. Y hace fiesta, participando a sus amigas por la alegría que experimenta. Dios se alegra con y por nosotros porque como nos lo recuerda el profeta : “Tú eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4).

Cuánto bien nos hace meditar este pasaje del evangelio; sí, acogerlo despertando la conciencia de lo que somos para Dios. El encuentro con el amor de Dios nos vence. ¿Cómo poder resistirle? Y desde esto poder tener sentimientos de acogida y respeto por cada persona, renunciando a toda actitud farisaica de señalamientos y prejuicios que excluyan a los demás o los categoricen como “malos” o no merecedores de la misericordia de Dios.

En el corazón de Dios todos tenemos un lugar de predilección. Nos nos excluyamos ni neguemos esta verdad a nadie.

8 noviembre, 2018
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