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Evangelio del martes, 16 de octubre

16 octubre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,37-41

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Jesús no pierde la libertad interior ante los fariseos que se presentan como adversarios y fuertes críticos de su enseñanza y de su obrar. En el corazón del Señor no se levantan muros de odio e intolerancia; al contrario lo encontramos hoy en el evangelio en casa de un fariseo, sentado a la mesa, pero tal cual es Él, sin mudar su manera de actuar. La autenticidad de Jesús no da campo a la hipocresía o al acomodarse a las situaciones negociando sus convicciones.

El fariseo como fiel cumplidor de las tradiciones y ritos de pureza se sorprende al ver que Jesús no cumple el rito de purificación de lavarse las manos; cumplir la ley al pie de la letra era para el fariseo, la norma de seriedad de la vida que le garantizaba la seguridad de su perfecta relación con Dios.

Y, Jesús ante la actitud del fariseo responde: «Vosotros los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios!…” Esta respuesta del Señor indica que encerrar la religión y la vida en la observancia de la ley hace a la persona incapaz de percibir el espíritu de la ley; lo enseña San Pablo cuando escribe en la segunda carta a los Corintios: «La ley escrita da muerte, mientras que el Espíritu da vida” (2Cor 3,6).

Al traer esta palabra a nuestra vida nos preguntamos, como señalaba el Papa Francisco, “¿Nuestra vida es una vida cristiana de cosmética, de apariencia o es una vida cristiana con la fe que trabaja por la caridad?” Debemos cooperar con la gracia de Dios que trabaja en nosotros para convertir la experiencia de fe en una auténtica relación con Dios; relación que libera desde dentro, que purifica el corazón de donde brotan las intenciones, los deseos y las decisiones. Sí, cooperar para hacer valer la fe auténtica que no se reduce al sólo cumplimiento de normas y ritos. No es sólo saber recitar el credo, es vivir desde lo más íntimo la relación con Dios Padre que ama personal e incondicionalmente; vivir la libertad y la vida que nos enseña Jesús; es dejarnos guiar por el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad completa. No es sólo cumplir con unos preceptos culturales, es vivir la gracia de los sacramentos; abrirnos al perdón de Dios que nos purifica y nos llama a una vida nueva, es congregarnos en torno a la mesa de los Hijos de Dios para crecer en la comunión sincera con Dios y con los hermanos. No es sólo cumplir con unas normas de oración, es cultivar una relación constante con el Señor que me lleve a ofrecer la vida como ofrenda continua y agradable a Aquel que me llama a la salvación, esforzándome en dejarme tocar por la caridad a los hermanos.

Ahora bien, preguntémonos ¿Cómo es nuestra relación con Dios y con el prójimo? ¿Vigilamos nuestro corazón procurando ser movidos por una fe auténtica y una caridad constante? ¿procuramos no acostumbrarnos a las realidad sagradas y a nuestras relaciones humanas?

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