Inicio Archivos diarios
Archivos diarios

27 septiembre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús
Meditación
Jesús quiere sondear la opinión pública preguntando qué se dice de él; la respuesta de los apóstoles sugiere al Señor, por un lado suscitar una pregunta personal: vosotros, ¿quién decís que soy yo? y un anuncio de su pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús.
El inicio del pasaje del evangelio de hoy nos muestra a Jesús orando a solas; su actitud orante es una realidad transversal en toda su vida y misión. Todo es fruto de la oración y nada se hace sin ella. Con la oración, Jesús vence las tentaciones del maligno, en ella encuentra la fuerza para asumir la misión, sus decisiones están iluminadas por la plegaria, enfrenta la agonía y el camino de la cruz con la oración. Agradece, intercede, suplica, perdona, se abandona en la voluntad del Padre. Acojamos esta clave que nos da el Señor: “orar para saber vivir, convertir la vida en una continua oración”.
Jesús ve que la gente tiene diversas opiniones sobre él; opiniones insuficientes que no indicaban un acto de fe claro como respuesta a la persona y acciones del Señor. Estas opiniones no sostenían ni producían una adhesión a la novedad del Evangelio. Entonces, surge la pregunta fundamental: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”. Se pasa de la opinión de los otros a la experiencia personal. Del oído al corazón: ¿Quién soy yo para ti?, ¿Cuál es tu experiencia personal de fe? ¿Qué has creído? Son preguntas que resuenan hoy en el contexto vital de nuestra existencia. La respuesta a esta pregunta define nuestra manera de vivir, de celebrar la fe, de relacionarnos con los otros y con Dios, orienta la experiencia de Iglesia y de comunidad.
Jesús pide a los apóstoles que no revelen su identidad. ¿Por qué Jesús lo prohibió? Porque no había llegado su hora; porque aunque todos esperaban la venida del Mesías, muchas eran las maneras en que se esperaba: como rey o sacerdote, como doctor o guerrero, como juez o profeta pero no como el siervo sufriente que profetizaba Isaías (Is 42,1-9). No podían aceptar el Mesías crucificado. Por esto sin la cruz es imposible entender quién es Jesús. de ahí que Jesús les anuncie el camino del dolor: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”.
Después de la resurrección, los apóstoles rompen el silencio y anuncian al Mesías que por amor da la vida en la cruz y vence la muerte con su resurrección. Este anuncio, movido por el Espíritu Santo, suscita la fe en el Señor indicando una nueva vida y concretándose en una experiencia de comunidad en torno a la Palabra de Dios, a la Eucaristía, la solidaridad y el amor fraterno. Es por esto que hoy también a la pregunta: ¿Quién soy yo para ustedes? Sigue una respuesta que va más allá de la confesión de fe con los labios.

27 septiembre, 2018
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Cuando pensamos en la actividad caritativa de la Iglesia, con frecuencia creemos que se reduce a unos paquetes de pasta y alguna que otra factura pero la labor abarca todas las necesidades de la persona: espirituales y materiales.

Con frecuencia hacemos llamamientos para la recogida de alimentos, pues nunca son suficientes ya que repartimos una tonelada de fruta una semana y tonelada y media de alimentos variados, la siguiente.

La actividad del ropero también es conocida por todos, a través de los contenedores dispuestos en la entrada del templo. Cada lunes muchas familias acuden a los locales a recogerla y es tal la afluencia, que ya no nos queda ropa de invierno que repartir.

Pero nuestra asistencia va mucho más allá que la ropa y la comida. Las dificultades de algunas personas para amueblar los pisos o bajos que alquilan y la necesidad de renovar algunos muebles – fundamentalmente de cocina- nos llevó a montar un equipo que se marcó un objetivo definido por la situación real: recoger enseres, muebles y electrodomésticos usados para reciclarlos y repartirlos entre aquellos que los necesiten en el ámbito de la Parroquia.

En la actualidad, aunque con pocos medios -solo disponemos de una vieja furgoneta- se han satisfecho muchas carencias . Las enumeramos por bloques, sin caer en la trampa de poner números, porque el equipo ve rostros, con nombres y apellidos:

• Se han entregado electrodomésticos: microondas, frigoríficos, lavadoras, secadoras, estufas eléctricas y de butano, cocinas…
• Se han entregado muebles: armarios roperos, camas de diferentes medidas, colchones, mesas, sillas..
• Se han entregado y adaptado muebles de cocina como fregaderos, hornos, armarios altos y bajos con sus encimeras…
• Se han entregado objetos de menaje: ollas, vasos, platos…
• Se han entregado literas y cunas, así como carritos de bebé y otros enseres.

Poco a poco nos vamos organizando y contando con más medios. En la medida en que se va conociendo esta labor, surgen nuevas donaciones a medida que vamos profundizando en el conocimiento de la realidad de nuestro barrio y sus necesidades.

Durante el verano, por ejemplo, hemos amueblado prácticamente por completo y dotado de enseres a cinco hogares. ¡ Y cada día hay más solicitudes!

Os agradecemos vuestra generosidad, pues nosotros repartimos lo que vosotros traéis. Por eso os invitamos a que, si vais a cambiar algún electrodoméstico o mueble, antes de tirarlo, preguntéis en la parroquia si alguien lo necesita, y así puedan tener una “segunda vida”.

27 septiembre, 2018
1 Facebook Twitter Google + Pinterest

El domingo 30 de septiembre del presente año 2018, invitamos a toda la comunidad parroquial y a los venezolanos que conviven con nosotros – especialmente a los jóvenes- a enfrentar la amenaza del secularismo,  la indiferencia religiosa y la cultura de la muerte, presentes hoy en España, Venezuela y tantos países.

Hoy más que nunca estamos necesitados de oración para cambiar nuestra realidad.
” Traicionamos a Cristo, negamos nuestra fe,  si lo reducimos  a una especie de promotor de cualquier sistema sociopolítico”…

Cuando la Virgen se apareció ante el cacique Coromoto, de la tribu de los indígenas Cospes en 1652, fue para ofrendar Su Milagrosa imagen como prenda de Amor, Fe y Esperanza para toda Venezuela. Con las celebraciones en su honor queremos revelar el mensaje de la Virgen de Coromoto, recoger diversas oraciones y plegarias, así como cantar sus portentos y milagros, e igualmente buscamos difundir y su devoción para mayor honor y gloria de Dios y de Su Santísima Madre.

Hoy más que nunca estamos necesitados de esperanza. Debemos acudir a Maria orando por todos aquellos hermanos nuestros que sufren opresión en el mundo y especialmente ante la grave crisis humanitaria que está viviendo el país hermano.

Al tiempo, invitamos a que abráis las puertas del corazón y seáis generosos con vuestra ayuda para enviar a Venezuela y para atender las necesidades de los numerosos conciudadanos que han venido y carecen de lo más básico para recomenzar una nueva vida en España.

Día: domingo 30 de septiembre
Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Hora:11:30 hh.

27 septiembre, 2018
1 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,7-9

En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenía ganas de ver a Jesús.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Las opiniones que Herodes recoge acerca de Jesús muestran cómo la gente lo trataba de comprender desde lo que ellos pensaban, conocían y esperaban; sin embargo, todos los criterios eran insuficientes. La identidad de Jesús es más grande y sólo desde una profunda vida de intimidad con Él es posible dar la respuesta a la pregunta: «¿Quién soy yo para ustedes?

El crimen de Juan el Bautista perpetrado por Herodes, hombre supersticioso y sin moral, no puede silenciarse; y entonces se conmociona al oír hablar de Jesús y quiso verlo. Sin escrúpulos, Herodes, siente la seguridad de poder hacer con Jesús lo que hizo con Juan porque ningún profeta o líder religioso le iba poner en riesgo su poderío y seguridades.

Jesús está en medio de su pueblo anunciando la llegada del Reino de Dios y realizando signos que confirman su Palabra; lo que Él cumple despierta diversas reacciones: admiración, curiosidad, molestia y odio. Así es, admiración y curiosidad al punto de querer estar cerca de él y verlo. La expresión “queremos ver a Jesús” manifiesta un deseo profundo de encontrarse con alguien que no sea otro más que aparece como encantador de masas, sino como Aquel que viene a saciar, restaurar, liberar y anunciar la alianza nueva y eterna de Dios. En Herodes, también surge el deseo de ver a Jesús pero por una curiosa sospecha que desestabiliza y que debe ser puesta bajo control. Los fariseos y líderes religiosos no quieren ver a Jesús porque los incomoda; lo mejor es buscar la manera de sacarlo de en medio y por esto deciden matarlo.

Ante el deseo de “ver a Jesús”, proféticamente Él anuncia: “ Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12,32)». En la hora de la cruz, la hora de la glorificación del Señor, viene puesto en alto para que podamos verlo y en Él vernos nosotros. Es la cruz el mejor escenario para ver al Señor y no querer ir a buscar el show, la diversión, el espectáculo. Nosotros queremos ver a Jesús; queremos que Él nos vea con su mirada de misericordia que levanta como lo hizo con la mujer pecadora, Jesús nos mira y dice “no te condeno, levántate y no vuelvas a pecar”; como lo hizo con Mateo el recaudador de impuesto, nos mira con misericordia y amándonos nos dice: «sígueme»; como lo hizo con Pedro que después de la resurrección le dijo: “Simón ¿me amas más que estos? Y Pedro con su mirada arrepentida por las negaciones dice: “Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”.

Entonces, no queremos verlo por curiosidad, no queremos buscarlo por interés. Queremos verlo para encontrarnos con el Dios que nos salva. Queremos ver al Señor que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros. Sí, queremos ver a Jesús y no resistirnos al llamado que nos hace de encontrarlo presente en el camino de nuestra vida.

Así, la fe ilumina la mirada del creyente que le permite encontrar al Señor al partir el Pan (la Eucaristía) como lo hicieron los discípulos de Emaús; ver al Señor en los hermanos porque “cada vez que lo hiciste con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hiciste”; experimentar al Señor que nos dice: “no tengas miedo que contigo voy”.

27 septiembre, 2018
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Como cada jueves tras la misa de 19:00 hh. expondremos al Señor en la custodia para hacer un rato de oración pidiendo por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

La Eucaristía es el Banquete del Señor.

Que la Eucaristía sea un banquete no es difícil de comprender. Los mismos elementos de la celebración nos hablan explícitamente de ello: la mesa, la comida, la bebida, el entorno familiar; todos estos elementos hacen referencia a un banquete.

El primer banquete que el Señor compartió con sus apóstoles fue en la Última Cena, antes de iniciar el camino de su Pasión.  Desde entonces cada celebración eucarística es el mismo banquete que celebró Jesús con sus discípulos, y al mismo tiempo la anticipación del banquete que el Señor celebrará con los redimidos al final de los tiempos (cf. CEC 1329).

Como ya hemos señalado en los pasados jueves, el alimento que compartimos en la Eucaristía es la misma carne y sangre de nuestro Señor Jesucristo, es el mismo Dios que se hace comida para sus hijos. El mismo Jesús nos lo afirma: “el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo… En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tienen vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6, 51. 53-54).

Por eso, cada vez que recibimos el banquete del Señor, cada vez que comemos el pan de la Eucaristía, debemos ser conscientes de que es al mismo Señor a quien hemos comido, es el mismo Dios quien ha entrado en nosotros. En la medida en que seamos conscientes de esto, en esa misma medida de nuestros corazones saldrá un espíritu de agradecimiento que se transformará en un diálogo personal e íntimo con nuestro Señor, se transformará en un encuentro de adoración al Señor.

Este encuentro de adoración sacramental al Señor se prolonga cada vez que nos acercamos a una Iglesia o capilla para rezar ante el sagrario, y de una manera especial esta prolongación se da cada vez que la Iglesia nos convoca, como comunidad parroquial, para adorar al Señor presente en la Eucaristía.

Por ello, atendiendo a la llamada que la Iglesia hace a todos los cristianos del mundo entero, nos reunimos hoy jueves para vivir personalmente este encuentro de adoración a Jesús eucaristía.

¡Gracias Señor Jesús por alimentarnos con tu cuerpo y tu sangre!

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves 27 de septiembre
Hora: 19:30

27 septiembre, 2018
0 Facebook Twitter Google + Pinterest