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22 septiembre, 2018

La semana pasada terminaron los trabajos de recuperación de los paramentos exteriores del templo que, tras haber sido pintados este verano, sufrían algunos daños.

Agradecemos a los vecinos que tan pronto y eficazmente se han puesto manos a la obra para su recuperación al tiempo que les felicitamos por el esmerado cuidado que permanentemente hacen del mismo.

22 septiembre, 2018
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En la tarde de ayer el grupo de catequistas con su directora al frente celebraron su primera reunión para planificar el comienzo del nuevo curso.

El objetivo de la actividad era que los catequistas renovasen su ser de profetas, a fin de profundizar en el proceso para convertirlo en ministerio mediante la reflexión de aptitudes, valores y proyección comunitaria.

La formación es una realidad permanente de los catequistas para dar un mejor servicio a la Iglesia.«Ser» catequistas. No trabajar como catequistas: eso no vale. Uno trabaja como catequista porque le gusta la enseñanza… Pero si los encargados de esta tarea no son catequista, ¡no vale! No serán fecundos, no serás fecunda. Catequista es una vocación: “ser catequista”, ésta es la vocación, no trabajar como catequista. ¡Cuidado!, no he dicho «hacer» de catequista, sino «serlo», porque incluye la vida.

Se guía al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. Recuerden lo que nos dijo Benedicto XVI: “La Iglesia no crece por proselitismo. Crece por atracción”. Y lo que atrae es el testimonio. Ser catequista significa dar testimonio de la fe; ser coherente en la propia vida. Y esto no es fácil.

El primer domingo de octubre daremos el pistoletazo de salida del Catecismo con la celebración de la Eucaristía a las 11:30 hh. A continuación los niños, acompañados de sus catequistas, se trasladarán a los los locales parroquiales para formar los distintos grupos.

Invitamos a todos los niños – también a los que ya hayan recibido la Primera Comunión – y a sus familias a incorporarse con ilusión para unirnos cada día más a Jesús y a su Iglesia

22 septiembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.
Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.»
Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?» Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

“¡Quién tiene oído para oír, que oiga!”. Con esta expresión del Evangelio, Jesús lleva a sus oyentes a pensar en la experiencia directa que establecen con su Palabra que es la Semilla capaz de hacer producir fruto abundante; la parábola debe despertar en el creyente una respuesta creativa y generosa con la que participe de la iniciativa de Dios que se da a conocer.

Con esta parábola se nos propone una relación vital que debemos entablar con Jesús y su Palabra. Es lo que reza el salmo 1: «¡Dichoso el hombre que se complace en la ley del Señor y la susurra día y noche! Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien”. La Palabra de Cristo es Palabra que salva cuando dejamos que penetre en nuestros corazones; es la perla preciosa que abre a la alegría de la adhesión a Jesucristo que cambia la vida; La Palabra es lámpara que va indicando el camino y que da firmeza en la prueba. La Palabra da discernimiento para elegir en libertad aquello que nos conduce a la verdadera dicha. Pero se hace necesario acogerla, comprenderla y hacerla vida. Cuando viene acogida la novedad de la Palabra, el creyente afina su corazón y da fruto abundante; ya el Señor lo dijo: “Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y les será hecho” (Jn 15, 7-8).

Recordemos lo que nos dice San Pablo: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena.» (II Timoteo, 3 , 16-17). Tengamos en alta estima la Sagrada Escritura; leámosla, participemos en los grupos de estudio bíblico, meditémosla preguntándonos ¿qué nos quiere decir el Señor en su Palabra? Y dejemos que esta Palabra viva y eficaz ilumine nuestros pasos.

Que sea nuestro propósito ser tierra buena, dispuesta, abonada, capaz de dejar que el Espíritu nos haga producir fruto abundante, rebosante y de calidad. Hagamos de la Palabra de Dios leída, meditada y aplicada la brújula que nos indique el norte para no perdernos la salvación y permitir que se cumpla lo que Isabel le dijo a María: “Dichosa tú porque has creído que se cumplirían las promesas del Señor”.

22 septiembre, 2018
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