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15 septiembre, 2018

Siempre es bueno hacer una pausa y reflexionar sobre qué nos pasa y lo que ocurre a nuestro alrededor.Si esa reflexión puede llevarse a cabo entre pares, el resultado es aún mejor.

Por ello, hemos comenzado esta semana nuestro primer encuentro “religioso-culinario” del curso. Un grupo variado de distintas nacionalidades y pluralidad de pensamiento que debatiremos sobre temas de actualidad. Cada mes uno presenta un tema de actualidad sobre el
Que cada cual expone su forma de vivirlo al estilo de Jesus.

Hemos tenido nuevas incorporaciones y nos gustaría que os animéis a formar parte para, periódicamente, compartir vivencias, problemáticas y puntos de vista; brindándonos apoyo mutuo y generando la motivación indispensable para transitar la vida.

El próximo encuentro será el jueves 11 de octubre a las 20:30 y estáis todos invitados.

15 septiembre, 2018
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Ayer la iglesia nos invitó a celebrar la exaltación de la Santa Cruz. Hoy la iglesia nos invita a celebrar a Nuestra Señora de los dolores.

Hijo y Madre fueron inseparables en el sufrimiento; así como el hijo sufrió así la madre también sufrió.  Por ello la iglesia nos invita a celebrar estos acontecimientos salvíficos como momentos inseparables.

Nuestra Señora es una madre que sabe de dolores y sufrimientos: ella sufrió cuando oyó las palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de Jesús: «Simeón los bendijo y le dijo a María, su madre: — Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción — y a tu misma alma la traspasará una espada —» (cf. Lucas 2,34-35); ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes (cf. Mt 2, 13-15); qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén (cf. Lucas 2,41 -50); ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: «Madre, he ahí a tu hijo.» Y a nosotros nos dijo en Juan: «Hijo, he ahí a tu Madre.» Y así ve morir a su amado Hijo.   (cf. Juan 19,17-39); y ella recibió en sus brazos, con inmenso dolor, a su querido Hijo cuando  fue bajado de la cruz (cf. Marcos 15, 42-46).

Meditando sobre los dolores y sufrimienros de nuestra Señora, agradezcamosle por ser coredentora nuestra, porque siempre estuvo junto a su hijo, incluso en su pasión, cuando todos lo abandonaron ella estaba ahí al pie de la cruz junto a su hijo. De la misma forma, en los momentos de sufrimiento y dolor,  ella siempre está junto a nosotros. Por ellos, dirijamos nuestras plegarias a nuestra Señora de los dolores para que nos consuele y fortalezca, pues ella sabe de dolores y sufrimiento:

Señora y Madre nuestra: tu estabas serena y fuerte junto a la cruz de Jesús. Ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo.

Lo perdías, en cierto sentido, porque El tenía que estar en las cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, ¡qué hermoso es escuchar desde la cruz las palabras de Jesús: «Ahí tienes a tu hijo», «ahí tienes a tu Madre».

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero, sobre todo, nuestra casa es nuestro corazón, ¡ven madre nuestra! Amén.

 

15 septiembre, 2018
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Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.
Meditación
Celebramos hoy la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, y el Evangelio nos permite hacer una aproximación al camino de fe que la Santísima Virgen María recorrió; ciertamente su “peregrinación de fe” no fue fácil. Contemplando el dolor de María, miramos con un respeto sagrado el sufrimiento de tantos hermanos que cuyo dolor clama al cielo.
María con su sí, se unió íntimamente a la misión de su Hijo que compartía también el sufrimiento; Simeón le hizo aquel anuncio dramático; anuncio profético que incluía el dolor, la incomprensión y el sufrimiento: “y a ti misma una espada te traspasará el alma” (Cf. Lc 2,33-35). Fiel a su vocación María camina en la dirección de Dios. “Dichosa la que ha creído que se cumplirían las promesas de Dios”, le dice Isabel; sin embargo, “ella mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 58).
Al releer el Evangelio de Juan encontramos aquella fotografía que muestra a la Madre junto con el Hijo. La mujer fuerte que no se deja abatir, con su presencia fiel y silenciosa “»guardaba todas esas cosas en su corazón”. ¿Cómo no estremecerse ante la escena de la cruz? ¿Cómo no experimentar el dolor de María unido al sacrificio de su Hijo? ¿Cómo no reconocer su presencia maternal e intercesora en nuestros sufrimientos? En la cruz Jesús nos da en la persona del discípulo amado el testamento de su amor: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre». Por esta razón caminamos en la certeza de la importancia de la Virgen María en nuestra peregrinación de fe.
Contemplemos los siete dolores de la Santísima Virgen María y pongamos en su corazón los dolores de tantos hermanos que claman nuestra solidaridad y oración: ¿cuáles son esos siete dolores? La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús, la huida a Egipto con Jesús y José, la pérdida de Jesús, el encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario, la crucifixión y la agonía de Jesús, la lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto, el entierro de Jesús y la soledad de María.
Que esta Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos sirva para acoger la invitación del Papa Francisco: “Jesús prometió no dejarnos huérfanos, y en la Cruz nos dio a su Madre como Madre nuestra. Los cristianos tenemos una Madre, la misma que Jesús; tenemos un Padre, el mismo que Jesús. ¡No somos huérfanos! Ella nos engendra en aquel momento con tanto dolor: es un auténtico martirio. Con el corazón traspasado, acepta darnos a luz a todos nosotros en aquel momento de dolor. Y desde aquel momento, Ella se convierte en nuestra Madre, desde aquel momento Ella es nuestra Madre, la que cuida de nosotros y no se avergüenza de ninguno: ¡nos defiende!”.

 

15 septiembre, 2018
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