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2 agosto, 2018

Mateo 13,54-58

En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿De dónde saca todo eso?» Y aquello les resultaba escandaloso.

Jesús les dijo: «Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.» Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Meditación

El final del capítulo 13 nos presenta la visita de Jesús a su comunidad de origen, Nazaret; un paso que genera dolor, desconcierto y la posibilidad de dejar sentada una verdad: la falta de fe, bloquea la acción liberadora del Señor.

La reacción de los nazarenos asombra a Jesús, quién con ilusión regresa al lugar donde pasó su infancia. Nazaret es el lugar de la formación, es el lugar del silencio y la vivencia de Dios en la cotidianidad; Nazaret era el ambiente de familiaridad y cercanía. Allí lo vieron crecer, convivir. Sin embargo, a su regreso despierta aquel tipo de admiración que no abre el corazón a la verdad del otro sino que cierra con los prejuicios y señalamientos: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?

Les resultaba escandaloso que uno de los suyos tuviese esa autoridad para enseñar y obrar signos y milagros, y ellos no aceptan al Señor porque no logran entender quién es Él.
Qué difícil se nos hace abrirnos a la verdad del prójimo para mirarlo sin encasillar. Además, hay una tentación que puede permear nuestros corazones: nos podemos ver movidos a hablar, a enjuiciar, a hacer lecturas equivocada de los otros, a categorizar a los demás como buenos o malos y a condenar siempre a las personas por su “pasado”. Y en estas actitudes no cabe la caridad, la misericordia, la verdad y la justicia.

Recuerdo a una persona en la parroquia que comenzó un proceso de conversión y transformación de su modo de pensar y actuar. Era consciente de los errores del pasado; sabía que con sus acciones había herido a muchas personas y que no había tenido temor de Dios. Sin embargo, estaba avanzando, buscaba que la fe que estaba viviendo diera frutos en su familia, en su trabajo, en su cotidianidad. Pero no faltaban los reproches: “Ahora se las va dar de santa”, “Usted sabe en realidad quién es”, “¿Cree que por ir a la Iglesia las cosas van a ser distintas?, “Aquí en su casa no tiene que fingir”, etc. Era una realidad que tenía que enfrentar con regularidad. Era inquietante, que una persona pudiera renunciar y asumir su pasado para empezar una nueva vida alimentada por la fe.

La respuesta de Jesús a la actitud de los suyos no está movida por sentimientos de odio, violencia o desquite. Él ante la adversidad conserva la calma; sabe muy bien que “Nadie es profeta en su patria”. Confiesa que la fe no llega por imposición, miedo o manipulación; el poder abrir el corazón a la iniciativa del Señor que llama a la fe es una gracia y una responsabilidad. Él no obliga a creer: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3,20). ¡Qué hermosa es esta invitación! El viene a nuestro encuentro, nos propone su Palabra e invita a la siempre nueva experiencia de su amor, pero no nos violenta, sabiendo que allí donde no se le acepta, donde no hay fe, no se puede hacer nada.

Entonces, ¿Qué nos pide Jesús hoy en su Palabra? Que liberemos nuestro corazón de los prejuicios que nos encierran y no permiten el encuentro con la verdad del otro. Nos pide abrirnos a la novedad de la fe, que permite su acción en nuestras vidas y nos llama a conservar la libertad interior para reaccionar sin odio ante las incomprensiones.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

2 agosto, 2018
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Según el Consejo de estado, el descanso es un derecho fundamental del trabajador, y en sentido, el empleador [público o privado] debe garantizarle al trabajador dicho derecho.

En la parroquia trabajamos para Dios y para el prójimo y aunque todos los que “trabajamos” en la parroquia lo hacen de un modo desinteresado sabemos que Dios es buen pagador.

Los voluntarios de Caritas durante el mes de agosto disfrutarán de un merecido descanso tras un arduo curso de trabajo para comenzar el nuevo con renovadas fuerzas.

Por todo ello el reparto de esta semana ha sido “extraordinario” y será el único de este mes y hemos duplicado la cantidad de productos que normalmente se entregan a las familias.

En consecuencia, durante el mes de agosto no habrá atención de Caritas; ropero, alimentos, gabinete psicológico, acogida de nuevos expedientes, etc… retomarán su actividad al comienzo del nuevo curso.

El próximo reparto será el primer miércoles de septiembre. Feliz verano a todos y recordad: “Dichoso el que teme al Señor… su caridad es constante, sin falta”

 

2 agosto, 2018
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Mateo 13,47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos les contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.» Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Meditación

Nos encontramos hoy con la última parábola del capítulo 13 sobre el reino de los cielos: la red echada en el mar. La escena es claramente comprendida por la gente que vive alrededor del lago de Galilea y sabe lo que es el final de un día de trabajo entre satisfacciones y cansancios.

Esta escena de la vida cotidiana el Señor la aplica, con imágenes fuertes, para llevar a sus oyentes a ser conscientes del destino de aquellos que se excluyen a si mismos del amor y la salvación de Aquel que no quiere que ninguno se pierda sino que se salven y tengan vida abundante.

Las claves de interpretación que el mismo Señor ofrece nos lleva a considerar que la conciencia de la presencia del Reino de Dios en la vida cotidiana, compromete al creyente a no separar la vida con la búsqueda más auténtica que experimenta el corazón del hombre: la salvación; ilumina el salmo 15 cuando se pregunta: “Señor, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte? El que anda sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón, y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo…Quien obra así jamás vacilará».

Así en un ambiente de familia y cercanía, Jesús con su Palabra nos invita a pensar en la verdadera realización de la existencia. Al final de nuestros días no nos presentaremos al Señor con las manos vacías; no abrazamos la vida eterna como consecuencia del azar y la casualidad; exige la decisión cotidiana de traducir la enseñanza del Señor en las realidades de la vida. Así, su presencia nos inspira para salir a tirar la red, encontrar el sentido del sudor del día e ir a él con los agobios y cansancios; su presencia inspira para que crezcamos en el reconocimiento del valor de las decisiones que tomamos cada día; cada cosa que hacemos debe estar impregnada de eternidad.
Que la red que se lanza en el mar de nuestra existencia recoja de lo mejor. Que sepamos desechar todo aquello que corrompa la bondad de Dios en nosotros. No nos desanimemos en el propósito de elegir hacer el bien y de impregnar de Dios nuestras responsabilidades. Seamos como el padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo y es movido a dar lo mejor.

P. John Jaime Ramírez feria

 

2 agosto, 2018
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