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1 agosto, 2018

UN MES ENTRE VOSOTROS… ¡UNA NUEVA EXPERIENCIA!

Luego de un año de estudio intenso en la ciudad de Roma, he tenido la fortuna por gracia de Dios, de poder compartir y celebrar por un mes la fe entre vosotros. Sin duda alguna, en este breve tiempo, he tenido que confrontar mis paradigmas de latinoamericano. Esta nueva experiencia ha sido para mí ante todo, un aprendizaje, dado que son otras comprensiones de realidad las que vosotros tenéis, otra cultura, otros modos de pensar, modos diversos de ver y hacer las cosas, que hicieron de mi estadía algo interesante y enriquecedor.

Estoy impresionado por la calidez de las personas, el trato cercano y el cariño con quienes he tenido la oportunidad de intercambiar alguna palabra o de compartir algunos instantes, la belleza y el encanto de los paisajes, la pulcritud de la ciudad, la concordia y la paz que se respira, entre otras cosas, pero sobre todo la fe de quienes intentan vivir de acuerdo con su identidad de cristianos.

Mi más sincero agradecimiento a Don José Carlos, vuestro querido párroco y compañero de camino en el ministerio sacerdotal, por su cercanía, generosidad, amabilidad y paciencia y en modo particular a cada uno de sus colaboradores. Con profunda gratitud me despido de todos vosotros. Os llevo presente en mis oraciones esperando volver por esos lares. ¡Bendiciones!

En Cristo,

Padre Milton Eduardo Rodríguez Romero
Diócesis de Neiva – Colombia

 

1 agosto, 2018
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Mateo 13,44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»

Meditación

Con dos breves parábolas Jesús continúa esclareciendo aspectos del misterio del Reino de Dios: el tesoro escondido y la perla fina.

El encontrar el tesoro escondido produce tanta alegría, que los demás bienes pueden ser vendidos porque se quiere comprar el campo para poseerlo totalmente. Recordemos que el Reino de los cielos, es la presencia nueva de Jesús que viene a revelar la bondad, cercanía y misericordia de Dios Padre; Jesús ya está en el campo del de la vida; está “escondido”, dispuesto a ser “descubierto”.

En esta parábola el hombre que encontró el tesoro no esperaba encontrarlo, ni lo buscaba. Al descubrir que se trata de un tesoro muy valioso e importante desea adquirirlo. Esto nos enseña que lo encontrado comienza a tener un nuevo valor. Jesús acontece, se hace el encontradizo; podemos evidenciar esta realidad cuando leemos lo que significó para Pablo ser encontrado por el Señor Resucitado: “Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte” (Filipenses 3, 7-10).

La otra parábola del comprador de piedras preciosas siendo semejante a la primera, en ella hay una diferencia importante. El mercader conoce el valor de las perlas, no se le puede engañar; y cuando encuentra una de gran valor, vende todo lo que tiene y compra esa perla porque confirma que su valor es más grande.

Con estas parábolas, Jesús nos da a conocer la presencia de Reino de los cielos, el tesoro escondido, la perla preciosa, que descubrimos por la iniciativa de Dios, que gratuitamente se nos revela y/o que llegamos a comprender su valor con la búsqueda sincera. En todo caso, ambas realidades nos confirman el poder transformador del descubrimiento que da el sentido y el valor real a la existencia.

Nos dice el Papa Francisco “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. Jesús es la alegría, ¡No se necesita buscar más en otra parte!”.

Para concluir nuestra meditación, nos podemos preguntar: ¿Cómo hacemos realidad la alegría de haber conocido al Señor? ¿Es Jesús nuestro bien más precioso que amamos y cuidamos sobre todas las cosas? ¿Experimentamos la novedad del Evangelio que nos lleva a dar testimonio de la fe?

P. John Jaime Ramírez Feria

 

1 agosto, 2018
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